Los barcos de la muerte

shipthrowing

Ilustración sobre la tragedia del Zong, en 1781. (Fuente: hullwebs.co.uk)

Durante los siglos XVII y XVIII, difícilmente existió un negocio más boyante que el tráfico de personas. El comercio de esclavos hinchó las venas de los bancos ingleses, de las compañías de seguros y –claro– de las propias empresas navieras que los transportaban: los beneficios estaban asegurados.

Los periplos del viaje, que en el caso de Jamaica culminó con 1,2 millones de personas arrancadas de África para pisar esta vieja colonia inglesa, comenzaban igual: los historiadores coinciden en dividir los viajes en seis pasos que, dicen, “estaban marcados por una horrenda violencia”:

1) Captura y esclavitud en África;
2) viaje a la costa y otros puertos de salida;
3) almacenamiento y enpaquetado para el viaje [literal];
4) travesía transatlántica;
5) venta y dispersión en América;
6) adaptación.

Sin embargo, no todas las personas cumplieron todas las escaleras hasta la cima del horror, ya que las condiciones eran infrahumanas desde el mismo momento de la captura. Pero los momentos más críticos se daban durante el largo viaje desde las costas africanas hasta América, su destino; una travesía que duraba, de media, 100 días. Eran estos unos viajes a los que muchos no sobrevivían, ya que morían de hambre o asesinados por los captores en alta mar.

No se sabe el número de esclavos que se dejaron la vida durante el trayecto, aunque un registro realizados siguiendo la huella de ciertos barcos dan una idea de cuántos supervivientes llegaron a descender las escalinatas en el puerto de Kingston.

El barco Saint Michel, por ejemplo, es el caso más sangrante del horror, ya que de las 170 personas que embarcaron en 1732, solo llegaron con vida 6: en la travesía murió el 96% del pasaje. O el Providence, del que solo salieron vivos 43 de los 223 que subieron; el Allepine, cuyo pasaje era 410 esclavos al iniciar rumbo al oeste, acabó con 122; de la travesía del Eagle llegaron vivos 40 de los 130 esclavos; o la ya clásica tragedia del Zong, que representa la brutalidad del comercio humano y en el cual sobrevivió la mitad del pasaje, son únicamente algunos de los barcos fantasmales, donde la mayoría del pasaje murió por las duras condiciones.

Las enfermedades, que se expandían entre los pasajeros debido a las malas condiciones y hacinamiento, eran el perfecto transmisor para contagiarse unos a otros. Junto con la asfixia, la malnutrición o las rebeliones a bordo, constituyeron las principales causas de las elevadas tasas de mortalidad a bordo.

Otros muchos barcos nunca llegaron a su destino y acabaron devorados por el mar.

El investigador David Eltis, de la Universidad de Emory (Atlanta), ha creado una base de datos con 34.948 viajes a América, en los que –dice– desaparecieron 145 barcos, por lo que teniendo en cuenta que los barcos registrados llevaban a bordo entre 130 y 651 pasajeros, la pérdida de esclavos oscila entre las casi 18.000 a las 95.000 personas. El mismo historiador señala que a Jamaica llegaron 3.429 navíos con esclavos en sus vientres.

Aun con esas perdidas, la población negra de Jamaica pasó de los 1.400 personas hacia 1660 (cinco años después de que el Reino Unido arrebató la propiedad de la isla a España) a las más de 300.000 en 1807, cuando el imperio británico abolió el comercio de esclavos. Una parte de la historia quedó escrita con sangre, pero otra gran porción quedó enterrada en las catacumbas de la historia y el mar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s