Educar “en africano”

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Kemo Remeses Fong (izquierda) y Benjamin Asamoah, presidente y supervidor del ACRM

 

Benjamin Asamoah dice que el primer objetivo del African Cultural Renaissance Movement (ACRM), del que es supervisor,  “es crear una conciencia sobre la herencia de nuestra cultura africana”. Lo hacen a través de la educación y desde 1971, cuando un grupo de estudiantes de la Universidad Tecnológica de Kingston –donde ahora charlamos apaciblemente– un grupo de estudiantes voluntarios comenzaron a dar clase a sectores de los barrios más deprimidos de la capital de Jamaica.

“Hay gente que no puede ni siquiera leer, y para esas personas es difícil competir con alguien que sí sabe hacerlo. Ese fue nuestro empeño desde que comenzamos”, confiesa Benjamin, un tipo comprometido, amable y en cuyas palabras se escucha el vuelo de Marcus Garvey, aquel predicador jamaiquino que insistió en la autoconfianza (Self-Reliance) como llave para lograr la libertad de los negros de uno y otro lado del océano.,

“Dar la confianza a las personas de lo que ellos están haciendo” resume. “En los años 60 y 70, si buscabas un trabajo y no eras una persona marrón o mestizo, no conseguías ese trabajo en el mostrador. Estabas donde no se te veía. Eso es contra lo que luchaban los estudiantes cuando empezaron. Así que fueron a las comunidades y trajeron a la gente joven al campus y los enseñaban gratuitamente: gente de Papine, de August Town”.

Benjamin, que viste una camisa preciosa, cree que hoy han cambiado las cosas, “porque hay mucha libertad de expresión: ahora los negros trabajamos en las instituciones. Antes, solo los ricos estudiaban en la universidad, pero ahora todo el mundo puede ir”.

Uno de los problemas que existen en los países donde los afrodescendientes –con sus variantes– configuran la mayoría de la población es una guerra interna: el racismo. “Algunas personas negras odian a personas de su mismo color. La mentalidad de la esclavitud, promovida por los británicos, sigue viva. Y esa es la situación de la mayoría de las personas”.

Junto a Benjamin está Kemo Rameses Fong, el presidente de la ACRM, que interviene  ahora en la conversación para decir queno hay una base africana en el currículo de la escuela, que supondría el conocimiento de esa cultura para así continuar con esa herencia”.

“La gente nos pregunta acerca de África”, prosigue, “y nosotros creemos en la repatriación, ya que porque después de la abolición de la esclavitud, los británicos nos debían mucho dinero. Pero no nos dieron nada. Los negros servimos como esclavos a los británicos. Eso creó gran cantidad de pobres entre la población negra de Jamaica. Ese dinero que ganaron gracias a la esclavitud se quedó en las familias británicas y está en todo el mundo porque lo han invertido. Y exigimos que nos lo devuelvan. La reparación que nunca tuvieron con los negros y nosotros necesitamos ser compensados. Es más que dinero”.

El programa de reparación que desarrolló el CARICOM tiene, como primer objetivo, las disculpas formales. Porque aún no han llegado: sería el primer paso para que Gran Bretaña asumiera una responsabilidad que, hasta hoy, no han querido sostener.

Mientras, la inyección de la historia de África en la formación a las clases populares de los barrios que acuden a los programas educativos del ACRM están teñidos –o compuestos, o formados– por vetas africanas. Kemo lo explica así:

“Es importante que nuestros estudiantes preserven y cuiden esa importante estructura en nuestro país: un vínculo con África y un equilibrio entre nuestra tierra, nuestra gente y nuestra conciencia de mantenerlo todo junto”.

– Pero, Kemo, ¿hay comunidades en Jamaica que sí conservan esa tradición?

En algunas partes, como los maroons: ellos tienen todo lo de los africanos. Dentro de esas comunidades ellos mantienen las costumbres. Mis antepasados vienen de Ganha y yo he estado allí; cuando voy a Porth Elisabeth, por ejemplo, veo que hay las mismas costumbres, comen lo mismo. Ellos comparten: aman compartir. Los negros mantienen su herencia, a través del festival maroon, que celebran en enero. ¡El Estado no puede acabar con la cultura africana!  Especialmente, la comunidad rastafari en Jamaica ha hecho todo lo posible para preservar la cultura africana”.

Kemo, siguieno la estela de Garvey y sus postulados –que resuenan al filósofo (y poeta) trascendentalista Ralph Waldo Emerson–, cree que el individuo está por encima del Estado. “No puedo justificar que el gobierno haga cosas bien, ya que cada individuo debe de hacer su vida”, expone. “Lo que Garvey nos enseñó es que debemos confiar en nosotros mismo. Así que no podemos confiar en el gobierno. La confianza en uno mismo es la clave. Yo fui educado en muchas cosas que puedo hacer…”, concluye.

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