Educar “en africano”

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Kemo Remeses Fong (izquierda) y Benjamin Asamoah, presidente y supervidor del ACRM

 

Benjamin Asamoah dice que el primer objetivo del African Cultural Renaissance Movement (ACRM), del que es supervisor,  “es crear una conciencia sobre la herencia de nuestra cultura africana”. Lo hacen a través de la educación y desde 1971, cuando un grupo de estudiantes de la Universidad Tecnológica de Kingston –donde ahora charlamos apaciblemente– un grupo de estudiantes voluntarios comenzaron a dar clase a sectores de los barrios más deprimidos de la capital de Jamaica.

“Hay gente que no puede ni siquiera leer, y para esas personas es difícil competir con alguien que sí sabe hacerlo. Ese fue nuestro empeño desde que comenzamos”, confiesa Benjamin, un tipo comprometido, amable y en cuyas palabras se escucha el vuelo de Marcus Garvey, aquel predicador jamaiquino que insistió en la autoconfianza (Self-Reliance) como llave para lograr la libertad de los negros de uno y otro lado del océano.,

“Dar la confianza a las personas de lo que ellos están haciendo” resume. “En los años 60 y 70, si buscabas un trabajo y no eras una persona marrón o mestizo, no conseguías ese trabajo en el mostrador. Estabas donde no se te veía. Eso es contra lo que luchaban los estudiantes cuando empezaron. Así que fueron a las comunidades y trajeron a la gente joven al campus y los enseñaban gratuitamente: gente de Papine, de August Town”.

Benjamin, que viste una camisa preciosa, cree que hoy han cambiado las cosas, “porque hay mucha libertad de expresión: ahora los negros trabajamos en las instituciones. Antes, solo los ricos estudiaban en la universidad, pero ahora todo el mundo puede ir”.

Uno de los problemas que existen en los países donde los afrodescendientes –con sus variantes– configuran la mayoría de la población es una guerra interna: el racismo. “Algunas personas negras odian a personas de su mismo color. La mentalidad de la esclavitud, promovida por los británicos, sigue viva. Y esa es la situación de la mayoría de las personas”.

Junto a Benjamin está Kemo Rameses Fong, el presidente de la ACRM, que interviene  ahora en la conversación para decir queno hay una base africana en el currículo de la escuela, que supondría el conocimiento de esa cultura para así continuar con esa herencia”.

“La gente nos pregunta acerca de África”, prosigue, “y nosotros creemos en la repatriación, ya que porque después de la abolición de la esclavitud, los británicos nos debían mucho dinero. Pero no nos dieron nada. Los negros servimos como esclavos a los británicos. Eso creó gran cantidad de pobres entre la población negra de Jamaica. Ese dinero que ganaron gracias a la esclavitud se quedó en las familias británicas y está en todo el mundo porque lo han invertido. Y exigimos que nos lo devuelvan. La reparación que nunca tuvieron con los negros y nosotros necesitamos ser compensados. Es más que dinero”.

El programa de reparación que desarrolló el CARICOM tiene, como primer objetivo, las disculpas formales. Porque aún no han llegado: sería el primer paso para que Gran Bretaña asumiera una responsabilidad que, hasta hoy, no han querido sostener.

Mientras, la inyección de la historia de África en la formación a las clases populares de los barrios que acuden a los programas educativos del ACRM están teñidos –o compuestos, o formados– por vetas africanas. Kemo lo explica así:

“Es importante que nuestros estudiantes preserven y cuiden esa importante estructura en nuestro país: un vínculo con África y un equilibrio entre nuestra tierra, nuestra gente y nuestra conciencia de mantenerlo todo junto”.

– Pero, Kemo, ¿hay comunidades en Jamaica que sí conservan esa tradición?

En algunas partes, como los maroons: ellos tienen todo lo de los africanos. Dentro de esas comunidades ellos mantienen las costumbres. Mis antepasados vienen de Ganha y yo he estado allí; cuando voy a Porth Elisabeth, por ejemplo, veo que hay las mismas costumbres, comen lo mismo. Ellos comparten: aman compartir. Los negros mantienen su herencia, a través del festival maroon, que celebran en enero. ¡El Estado no puede acabar con la cultura africana!  Especialmente, la comunidad rastafari en Jamaica ha hecho todo lo posible para preservar la cultura africana”.

Kemo, siguieno la estela de Garvey y sus postulados –que resuenan al filósofo (y poeta) trascendentalista Ralph Waldo Emerson–, cree que el individuo está por encima del Estado. “No puedo justificar que el gobierno haga cosas bien, ya que cada individuo debe de hacer su vida”, expone. “Lo que Garvey nos enseñó es que debemos confiar en nosotros mismo. Así que no podemos confiar en el gobierno. La confianza en uno mismo es la clave. Yo fui educado en muchas cosas que puedo hacer…”, concluye.

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“La gente no siente esa conexión con África porque no han aprendido su historia”

IMG_9448El Gobierno de Jamaica creó en el año 2009 una Comisión de Reparación, a la que encomendó la tarea de meter el dedo en la historia, en el presente y en el futuro para ver cómo un país que vivió cuatro siglos y medio bajo dos imperios –primero el español y después el británico– podía ser adelante. Para ello, se buscaron las víctimas de ese dominio y de los 250 años de esclavitud, además de las responsabilidades. igualmente, se buscó la manera de remendar una situación para enderezar una trayectoria de estado con apenas medio siglo de independencia.

Verene Shepherd es su presidenta. Además de miembro del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de Naciones Unidas, esta profesora de la Universidad de las Indias Occidentales (UWI), directora del Instituto de Estudios de Género y Desarrollo, encabeza un grupo que busca cómo organizarse sin la herida abierta de la esclavitud: Jamaica fue uno de los países qué mas sufrieron el tráfico de esclavos.

Verene es una mujer sonriente y amable que en este mediodía tormentoso me recibe en su despacho, en un extremo del enorme campus de la universidad donde trabaja, para hablar sobre reparación, esclavitud y justicia.

  • La comisión ha recogido testimonios de los grupos afectados, ¿quiénes son esos grupos?

Los testimonios son de grupos y de individuos acerca de lo que ellos creen que es la reparación, así como su propia visión de la justificación de la reparación. Por ejemplo, los rastafaris hablan de esclavitud y de su propia opresión y lo que llaman Babylon. Su prioridad es la repatriación. Recogimos sus testimonios: quieren volver a África. Cuando hablas con otra gente, sienten la falta de educación propia. Eso es debido al tipo de educación colonial inglesa que se mantiene aquí. En este sentido, hablan de su interés en reformar el sistema educativo, cambiar el contenido, el currículo y hacerlo más africano. Mucha gente cree que les han robado ese tipo de educación.

  • ¿Cómo lo hicieron?

En las comunidades de la ciudad fuimos a los colegios, a las iglesias –anglicanas, católicas, pentecostés, etc.-. La mayoría son críticas con el colonialismo, incluida las anglicanas y las católicas, porque hay nuevos miembros en esas iglesias. Por ejemplo, cuando la iglesia anglicana celebró su aniversario 350 en Jamaica, invitaron al profesor Hilary Beckles para hablar de la reparación, ya que ellos también quieren entender cuál fue el papel de la iglesia anglicana en la esclavitud.

  • Para los rastafaris, por ejemplo, su primer objetivo es la repatriación…

 La Comunidad del Caribe (CARICOM) tiene un plan de reparación de diez puntos. El primer punto son disculpas y el segundo repatriación, pero algunos de ellos no quieren las disculpas, solo las repatriación. Los otros puntos hablan de vivir aquí, y no les interesa, ya que ellos no quieren estar aquí: ellos solo quieren volver a África. En la comisión hay dos rastafaris…

  • Pero ellos no quieren que les represente la comisión.

Algunos no apoyan el Rastafari Millennium Council, que están en la Comisión. El gobierno no puede poner a todos los rastafaris en la comisión, así que el quiere representar a la comunidad. Los rastafaris se dividen entre ellos mismos… y  el Millenium Council tratara de agruparlos. No somos responsables de que no quieran entrar en la comisión, porque nosotros tratamos de representarlos y los invitamos. Ellos tienen su propio movimiento.

  • ¿Cuáles son las consecuencias de la esclavitud en Jamaica?

En 1962, cuando los británicos se fueron, nunca dejaron un paquete de reparación. Estuvieron 307 años. Deberían de haber dejado un plan de desarrollo y dinero para construir colegios, hospitales, para arreglar carreteras… así que entramos en un país independiente sin un plan de ayuda financiera, sin dinero para satisfacer a la población. Los gobiernos han luchado para asegurar facilidades para la gente de la región

  • ¿Y qué ha hecho Jamaica?

No hemos estado sentados, esperando la reparación para que nuestro país progrese. Entre 1962 y hoy han cambiado muchas cosas, pero podríamos haber hecho mucho más si hubiéramos contado con algún tipo de plan de desarrollo para arreglar lo que está incorrecto. Así que nosotros vemos los daños psicológicos: la gente no siente esa conexión con África porque no han aprendido su historia, sino que han aprendido algo de historia de Jamaica en el sistema educativo, pero gran parte de la población de Jamaica ha crecido con la historia británica y se sienten británicos: es la élite, incluidos muchos negros. No todos los jamaicanos creen en la reparación. Hay jamaicanos negros que sienten que ha pasado mucho tiempo, que no hay que removerlo. Esa es la misma vía que los ingleses.  Si lees los periódicos verás que hay un movimiento antireparación que tiene influencia, pues la gente influente está escribiendo en los periódicos.

  • ¿Pero está el país mejor Jamaica que en los años 50?

Creo que en algunas cosas estamos mejor porque nosotros tenemos nuestros propios académicos, nuestros propios historiadores que han investigado y han integrado conocimientos  en un currículo más apropiado para conocer la esclavitud. Tenemos más escuelas y más hospitales de los que teníamos en los años 50 porque la población ha crecido, pero se necesitan crear más infraestructuras. Estamos tratando de gestionar un país independiente con pequeños recursos. El punto del movimiento de reparación consiste en ver, en que paremos y miremos al año 1962 y veamos qué pasa, ver si los colonizadores pueden entender qué necesitamos ahora. ¡Llevamos 53 años de independencia!

  • ¿Es el Reino Unido el responsable del subdesarrollo de Jamaica?

El Reino Unido tiene parte de la responsabilidad, pero la otra parte la tienen los gobiernos poscoloniales, responsables de vulneración de derecho relacionados con los rastafaris, con la masacre de Tivoli Gardens o por no insistir más en cambiar el currículo de las educación. Hay cosas que ellos podrían haber hecho.

  • Los países del CARICOM piden al Reino Unido 7,5 trillones de libras por los daños de la esclavitud. ¿Cómo lo han calculado?

Para los británicos, la cantidad es de 7,5 trillones de libres: trillones, “t”, no millones. Pero yo creo que la cantidad es mayor. Cuando hablamos de salario, pero en la esclavitud, había diferentes categorías de trabajador: quienes cortaban la caña, quienes estaban en las fábricas, quienes trabajaban como servicio doméstico… Es una media, ya que el coste del trabajo esclavo de los africanos depende de la edad, del valor de la mercancía, de si son hombres o mujeres. Hay diferentes ratios, es una media estimada.

  • De momento, no parece que la vieja metrópolis acceda a la petición…

En esta parte del mundo no podemos entender cómo los europeos no se responsabilizan de sus acciones. ¡Tienen que tomar responsabilidades de sus actos con otros grupos! Los descendientes de los africanos están sufriendo. ¿Debemos olvidar la esclavitud? No olvidamos el holocausto judío y apoyamos la reparación a los judíos, pero nosotros también creemos que los europeos deben de tomar responsabilidades por lo que han hecho aquí.

  • ¿Cuál es el número de afectados?

En al caso de Jamaica, cerca de 1,5 millones de personas entre 1600 y 1808. Estados Unidos recibió menos, cerca de un millón. En la región del CARICOM, la primera en América fue Barbados: el primer asentamiento y la primera sociedad esclava. Durante la colonización española, fueron muy pocos los africanos que trajeron aquí. España no implantó una “sociedad de plantación”, como lo hicieron después los ingleses.

  • La mayoría de las personas sienten la desconexión, ¿echan de menos sus raíces africanas?

No estamos muy conectados con África. La mayoría de la gente que vive en Jamaica dicen que son jamaicanos, sí. Los rastafaris por supuesto hablan de su conexión con África, pero creo que mucha gente (como mucho el 50% de la población) prefieren ser identificados como jamaicanos.

  • ¿Qué es ser jamaicano? Los rastafaris no se sienten jamaicanos.

Haber nacido aquí y sentir lealtad por Jamaica.

  • Pero la historia común es África…

Claro, ¡pero dile a eso a la gente! El currículo de historia en los colegios es mejor ahora que lo que solía ser, pero aún no es suficiente la educación acerca del continente africano antes del comercio de esclavos trasatlántico; por lo tanto, la gente está desconcertada y avergonzada de hablar en términos de que sus ancestros fueron criminales. La memoria es importante: y lo es porque cuando te alejas de  las personas, te desconectas de la historia. Eso es lo que Jamaica ha sufrido hasta ahora: la interrupción, por ejemplo, en la celebración del Día de la Emancipación [abolición de la esclavitud].

  • ¿Por qué se suspendió la fiesta de la emancipación?

Solo se han enfocado en el Día de la Independencia, pero para los negros es más importante el Día de la Emancipación, ya que la independencia del país no ha significado la desconexión total de los británicos: Jamaica está aún bajo la monarquía, así que mucha gente se pregunta qué tipo de independencia es esa. A la mayoría de la gente negra no es la independencia lo que les preocupa, si no la emancipación, ya que sus ancestros lucharon por ello.

  • ¿Cree que es posible la repatriación de los negros?

La mayoría de los negros no quieren volver a África, si no desarrollar este país. Aparte de los rastafaris, no hay mucha gente que quiera volver a África. Lo que sí quieren es visitar África con mayor facilidad, porque muchos países exigen visas. Yo creo que Jamaica puede ser organizada de manera que los negros puedan estar cómodos en este país.

Entre rastas

En Jamaica hay 24.000 rastafaris, y suponen menos del 1% de la población.

Al menos, eso es lo que dice el censo que llevó a cabo el Caricom y que publicó en el año 2001. Según el informe, la primera religión en Jamaica es la Adventista del Séptimo Día, con la que se identifican 281.353 personas; es decir, casi el 11% de la población.

A pesar del ‘bajo’ número de rastafaris, es quizá la cultura que más lejos ha llegado fuera del país y que mayor identidad da a Jamaica. Una bandera internacional.

Entre rastafaris:

Rastafaris: el sueño de volver a casa

IMG_9422Bobo Hill es el refugio de los Bobo Ashanti, una de las comunidades rastafaris que más fuerte defienden los derechos de los negros y su regreso a África. En estas colinas cercanas a Kingston, la capital jamaicana, se instalaron en 1970: King Emmanuel Charles Edwards VII, fundador de este grupo de rastafaris, profetizó en 1958 que se instalarían en la montaña. “Esta es la montaña”, dice Jah Miguel, profeta de Bobo Ashanti que dejó Colombia para instalarse en esta atalaya verde. Bobo significa negro, y Ashanti es el nombre de una de las tribus de Ghana, uno de los países africanos con más población arrancada.

Al llegar a la puerta de la comunidad, un perímetro pintado con los colores etíopes, un hombre se asoma y pregunta nuestro interés. Tras darnos el visto bueno, a mi acompañante —una mujer— la cubren desde el cuello hasta los tobillos: nada de carne al aire. Seguidamente, comienzan un rezo que trato de aprender de memoria, porque no me dejan escapar hasta que no lo recite completo:

Prayer going out and come in
Jah Rastafari give thanks for life
Health and Strenght
Jah Rastafari.

Tras la oración comienzo a ametrallar con mi interés, así que no me queda otra opción que admitir que soy periodista y que quizá escriba algo sobre ellos. Entonces se forma un revoloteo, unos sospechan, otras vienen, otros se van y Priest Moraan, un sacerdote ataviado con una túnica amarilla, cambia su actitud y nos conduce a la oficina de este campamento. Luego viene Priest Morgan, otro sacerdote, una señora que se pasa un par de horas mirándome desconfiadamente y otro rasta, que al final de mi estancia me suplica que le dé “una contribución”. Otra, quiero decir.

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Esta comunidad encaramada en la historia y las montañas también se llama Ethiopian International Congress. De hecho, Ghana y Etiopía reconocieron al campamento como territorio propio, y las personas de la comunidad se identifican como africanos en el exilio. Están en su Egipto: esperando llegar a la tierra prometida.

La historia es conocida: a la región del Caribe llegaron nueve millones de africanos durante la etapa colonial. A Jamaica lo hicieron millón y medio, directo a las plantaciones de azúcar y a las casas de sus amos ingleses. Jamaica se independizó del Reino Unido en 1962, pero para entonces la mayoría de la población de este país caribeño ya era africana. “Lo primero que reclamamos nosotros es la repatriación, ya que fuimos traídos como esclavos y no nos preguntaron. De la misma forma nos deben llevar a nuestra casa”, explica Priest Morgan. “Toda persona puede venir e identificarse —continúa Morgan—, ya que cualquiera puede levantarse a favor de la repatriación, que es nuestro primer objetivo. Los principios son para edificarte a ti mismo y para redimir a nuestra madre tierra, que es África”.

Los rastafaris tienen un complejo sistema de creencias. No son una religión, aunque su dios, Haile Selassie, se manifieste en ellos mismos. Ser rastafari es otra cosa: es una búsqueda de la verdad a través del viaje interior, una filosofía que se rebela contra la opresión a los negros, una cultura que incluye el rezo y la memorización de salmos. Un modo de vida, en definitiva, que requiere de un firme compromiso con las profecías que continuamente extraen de su biblia.

Actualmente, Jamaica ha abierto una lucha por el reconocimiento de la explotación a la que el país fue sometida hasta su independencia. La búsqueda de ese reconocimiento incluye unas disculpas y una indemnización de —atención— más de 7 trillones de libras. No obstante, los rastafaris lo tienen claro: la primera medida debe ser la repatriación; de lo demás, luego hablamos.

IMG_9678Marcus Garvey, uno de los padres de los derechos de los negros, dijo en la década de los años veinte: “Miren a África, un rey negro será coronado porque el día de la liberación está cerca”. Cuando el emperador Haile Selassie I fue coronado en Etiopía en 1930, muchos creyeron que la profecía se había cumplido y que el resto de las profecías estaban ya en marcha. Así que las conversaciones que tenemos giran en torno a fragmentos de textos bíblicos que interpretan y descifran, y yo, que venía con apetito de su cultura, hay un momento en el que no doy abasto. Otra revelación: esta del apocalipsis, de Juan; otra de Moisés (“este es el campo de Moisés”, dice Morgan) y la certeza de que Occidente es su Egipto.

“Todo lo ha hecho Dios. Cuando buscas la verdad, la encuentras en Dios”, dice el profeta Miguel, de 27 años, que explica que los Bobo Ashanti son los sacerdotes del resto de los rastafaris. Le pregunto qué sintió al dejar su país para integrarse en estas colinas. “Me liberé”, responde. ¿Y por qué Bobo?, le pregunto. “Porque aquí está Emmanuel, el rey de todos los rastafaris: él es el líder perfecto”. Es verdad, el cuerpo de Emmanuel es el único aquí enterrado.

En Bobo Hill viven unas decenas de personas, pero representan a todos los negros del mundo, desperdigados por el planeta en una inmensa diáspora. Desde este fortín de espesa vegetación y aroma a ganja, luchan arduamente para regresar; nos muestran la continua correspondencia entre las instituciones de Jamaica y Etiopía. Dicen que están cerca de lograr la liberación absoluta: “Estamos ya sobre el tiempo”.

El cielo empieza a amenazar con una tormenta y la población del campamento se recoge. Las banderas izadas en la colina se agitan y aún nos queda un último rezo para despedir a los representantes de los 144 mil “elegidos”. Ya cumplido —y mirando hacia África—, bajamos el mismo sendero caminando y, hasta entonces, me doy cuenta de que entender el entramado teórico del pensamiento de estos habitantes no es fácil. Y de todo lo absorbido, lo que más retumba ahora es la palabra “verdad”.

Los barcos de la muerte

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Ilustración sobre la tragedia del Zong, en 1781. (Fuente: hullwebs.co.uk)

Durante los siglos XVII y XVIII, difícilmente existió un negocio más boyante que el tráfico de personas. El comercio de esclavos hinchó las venas de los bancos ingleses, de las compañías de seguros y –claro– de las propias empresas navieras que los transportaban: los beneficios estaban asegurados.

Los periplos del viaje, que en el caso de Jamaica culminó con 1,2 millones de personas arrancadas de África para pisar esta vieja colonia inglesa, comenzaban igual: los historiadores coinciden en dividir los viajes en seis pasos que, dicen, “estaban marcados por una horrenda violencia”:

1) Captura y esclavitud en África;
2) viaje a la costa y otros puertos de salida;
3) almacenamiento y enpaquetado para el viaje [literal];
4) travesía transatlántica;
5) venta y dispersión en América;
6) adaptación.

Sin embargo, no todas las personas cumplieron todas las escaleras hasta la cima del horror, ya que las condiciones eran infrahumanas desde el mismo momento de la captura. Pero los momentos más críticos se daban durante el largo viaje desde las costas africanas hasta América, su destino; una travesía que duraba, de media, 100 días. Eran estos unos viajes a los que muchos no sobrevivían, ya que morían de hambre o asesinados por los captores en alta mar.

No se sabe el número de esclavos que se dejaron la vida durante el trayecto, aunque un registro realizados siguiendo la huella de ciertos barcos dan una idea de cuántos supervivientes llegaron a descender las escalinatas en el puerto de Kingston.

El barco Saint Michel, por ejemplo, es el caso más sangrante del horror, ya que de las 170 personas que embarcaron en 1732, solo llegaron con vida 6: en la travesía murió el 96% del pasaje. O el Providence, del que solo salieron vivos 43 de los 223 que subieron; el Allepine, cuyo pasaje era 410 esclavos al iniciar rumbo al oeste, acabó con 122; de la travesía del Eagle llegaron vivos 40 de los 130 esclavos; o la ya clásica tragedia del Zong, que representa la brutalidad del comercio humano y en el cual sobrevivió la mitad del pasaje, son únicamente algunos de los barcos fantasmales, donde la mayoría del pasaje murió por las duras condiciones.

Las enfermedades, que se expandían entre los pasajeros debido a las malas condiciones y hacinamiento, eran el perfecto transmisor para contagiarse unos a otros. Junto con la asfixia, la malnutrición o las rebeliones a bordo, constituyeron las principales causas de las elevadas tasas de mortalidad a bordo.

Otros muchos barcos nunca llegaron a su destino y acabaron devorados por el mar.

El investigador David Eltis, de la Universidad de Emory (Atlanta), ha creado una base de datos con 34.948 viajes a América, en los que –dice– desaparecieron 145 barcos, por lo que teniendo en cuenta que los barcos registrados llevaban a bordo entre 130 y 651 pasajeros, la pérdida de esclavos oscila entre las casi 18.000 a las 95.000 personas. El mismo historiador señala que a Jamaica llegaron 3.429 navíos con esclavos en sus vientres.

Aun con esas perdidas, la población negra de Jamaica pasó de los 1.400 personas hacia 1660 (cinco años después de que el Reino Unido arrebató la propiedad de la isla a España) a las más de 300.000 en 1807, cuando el imperio británico abolió el comercio de esclavos. Una parte de la historia quedó escrita con sangre, pero otra gran porción quedó enterrada en las catacumbas de la historia y el mar.

Los esclavos rebeldes de Jamaica

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Trabajan y morían en el campo a pesar de que eran jóvenes y robustos. Pero eran mercancía. Si a toda la región del Caribe llegaron unos diez millones de esclavos hasta que el Imperio Británico dio por terminada la esclavitud en 1834, a Jamaica lo hicieron un millón y medio. El programa de justicia y reparación del CARICOM habla así “El comercio de esclavos trasatlántico es la migración forzosa más grande en la historia de la humanidad y no tiene comparación en términos de inhumanidad entre hombres”.

Los maroons fueron los más rebeldes.

Eran esclavos que huyeron de las plantaciones. Se instalaron en zonas remotas y crearon comunidades libres: desde allí lucharon, resistieron y alimentaron su propia cultura, que era la africana.

Hace un par de días, el 19 de octubre, se celebró la fiesta nacional de Jamaica. Una de los siete héroes del país tiene nombre de mujer: se llama Nanny y fue, en el siglo XVIII, líder guerrillera contra el invasor.

Por eso, en la minúscula población de Moore Town, encajada en el Valle del Río Grande, la fiesta retumba. El humo de las brasas trepa por el cielo y la música suena desde el colegio, desde una casa, desde los coches que aún tienen los motores encendidos.

Le pregunto al coronel Steering, líder de esta comunidad descendiente de esclavos fugados del poder colonial, cuánto mantienen de la esencia africana. Me mira y me responde: “Ya lo verás”. A las doce del mediodía proyectan un vídeo en el que unas decenas de curiosos, con el ánimo enardecido y un ambiente jovial, no quitan ojo; en la película de los maroons: las costumbres.

Se ha calculado la cantidad económica que Inglaterra les debe. Después de un cálculo minucioso, incluyendo los años por término medio que trabajó cada esclavo, costes laborales de la época, “beneficio a la economía o enriquecimiento ilícito”, coste humano del dolor y el sufrimiento, el reclamo alcanza los 7,5 trillones de libras, de la que una tercera parte sería para Jamaica. Por su parte, los rastafaris -cuyo primer objetivo es la repatriación- exigen 72 billones de libras para regresar a África.

Hace unas semanas, el primer ministro británico vino a Jamaica. Y le recordaron, señor ministro, que su país nos debe dinero por los daños causados. La respuesta de Cameron fue que otorgaba ayuda financiera para construir una inmensa prisión en Jamaica y ¡repatriar a los paisanos que están en Reino Unido!  Toda Jamaica echaba humo.